16 enero 2006

La curva de la felicidad

Por curva de la felicidad no me refiero al eufemismo para designar esos kilitos de más que aparece en el individuo humano una vez rebasados los treinta años, y que en la mayoría de los casos esta asociado al consumo abusivo de cerveza combinado con el sedentarismo más radical.

Por curva de la felicidad me refiero a ese viejo dilema es que para ser feliz en esta vida hay que ser tonto, o como he visto en otro sitios, un gráfico en forma de curva en el que se muestra que mientras más tonto eres más feliz te sientes y viceversa es decir, mientras más inteligente más infeliz te sientes.

Yo prefiero pensar todos podemos ser felices, y que realmente se debe de dar el caso contrario. Para ello me baso en que la felicidad es una cualidad que va asociada a animales que disponen de inteligencia, y al estar asociado este estado de ánimo a la inteligencia, he de suponer que disponer de más inteligencia debería de ser un "potenciador" de la felicidad, es decir, que tiene más posibilidades de ser feliz y de maximizar este sentimiento. No creo que las hormigas sientan felicidad, ni las arañas, ni los escorpiones. Los canes si son capaces de sentir felicidad. Y el ser humano puede llegar hasta el éxtasis.

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